Francis Arzalier (*)

Un buen día, Aznar el hombrecillo de expresión hosca, jefe de la derecha española en el poder en Madrid, en su visita oficial a México en 2003, con su habitual aire de suficiencia, consideró que debía dar unos consejos de buena gobernanza a ese país que fue colonia española. La opinión mejicana, y su prensa de izquierdas, que no ha olvidado que México fue país de asilo privilegiado de los republicanos españoles y catalanes perseguidos por el fascismo, comentó dichos consejos, calificándolo de “enano franquista”.

Una generación más tarde, Manuel Valls, político francés que fue primer ministro de Hollande, y que ya no es otra cosa que diputado de Macron gracias a haber perdido las primarias del partido socialista y sucesivamente de haber cambiado de partido, debe reconocer que su futuro político a orillas del Sena se ha acabado. Es la suerte reservada generalmente a quienes se cambian de chaqueta, los poderosos ya no confían en él y ya no lo necesitan. Nuestro inefable Manuel se ha ido a Madrid a propagar sus ofertas de servicio, a presumir de haber contribuido ampliamente a vencer a los clandestinos de ETA, entregando a los policías españoles a los que estaban refugiados en Francia cuando él era ministro del interior en Paris.

Todo ello para concluir: “yo nací en Barcelona, estoy fuertemente ligado a la Europa supranacional, al mantenimiento de Cataluña en el regazo del Estado español, y estoy preparado para entregar mi humilde persona a mi ciudad natal, de la cual me complacería ser alcalde”.

Sorprendente revelación que los barceloneses quizás sabrán apreciar cuando conozcan mejor el recorrido de este candidato incongruente: Manuel tuvo por padre un artista emigrado a Francia para intentar hacer carrera, cosa que no es deshonroso. De todos modos él no formo parte de esa oleada de catalanes republicanos que huyeron de la represión franquista, aunque su hijo intentó presumir de ello.

El joven Manuel decidió muy pronto realizar sus ambiciones, que eran grandes, por la vía politiquera concebida como una profesión: para ello él tenía el tono, la flexibilidad ideológico y las cualidades que hacen al demagogo. Empezó su recorrido carrera gracias al Partido Socialista, como electo municipal en Argenteuil, gran ciudad obrera dirigida entonces por el PCF. Se mostró ambicioso y habitualmente agresivo en su relación con sus colegas comunistas, cuyos votantes, sin embargo, le habían votado en el marco de la “Unión de la Izquierda” Miterrandiana.

Pero el escenario de Argenteuil no dejaba a nuestro ambicioso postulante ninguna posibilidad de progreso en su carrera política. Entonces se hizo entronizar en la gran banlieue sur de Paris, por el Partido Socialista y fue elegido en Evry.

De esta banlieue transformada en feudo le sacó el Presidente Hollande para hacerlo su Ministro del Interior y más tarde su Primer Ministro. En los dos empleos sucesivos fue uno de los buques insignia de la política de austeridad en la línea de la Unión Europea, usando siempre un tono rompedor e imperioso de “Primer Flic de Francia”. Empujó todo lo que pudo al Partido Socialista hacia una política favorable al capitalismo “liberal” en lugar de socialdemócrata, Valls fue el primer responsable, junto a Hollande del descrédito del Partido Socialista entre el electorado popular.

Un descrédito que lo ha llevado hasta la casi desaparición en provecho de Macron, elegido presidente en 2108 por una minoría de franceses, la mayoría de los cuales les votaron para rechazar al Frente Nacional de extrema derecha. Una manipulación politiquera al servicio del Capitalismo que permite a Macron ya su gobierno llevar una ofensiva sin precedentes contra los servicios sociales heredados de 1936 y de 1945 ( SNCF, hospitales, Universidad, etc.). Evidentemente, Manuel Valls se hizo re-elegir en Evry bajo la etiqueta del nuevo Presidente, que no lo necesitaba como miembro del gobierno: él prefiere el servilismo de los hombres de paja procedentes del anonimato. Diputados y Ministros de “En Marcha”, todos ellos obedientes a las órdenes del Monarca que si llama a sí mismo “Jupiteriano”.

He aquí el por qué nuestro Manuel d’Evry y de otros lugares quiere intentar su suerte a la alcaldía de Barcelona, bajo la bandera de la derecha local Ciudadanos y de Rajoy si ellos quieren.

Como se dice en Madrid, Barcelona o Paris: ¡BUEN PROVECHO, SEÑORES!

¿Cómo sorprenderse de que millones de buenas gentes, proletarios manipulados, se abstengan de votar o se dejen engañar por la extrema derecha, después de experimentar estos ejemplos perfectos de politiqueros liberales que transforman la “Democracia” en su caricatura?

Les queda por descubrir la alternativa verdaderamente eficaz, la que están mostrando desde hace un mes en las calles y en las empresas los trabajadores, loa estudiantes y los jubilados de Francia, en defensa de los servicios públicos, contra el Capital y contra sus servidores, un lado y otro de los Pirineos.

(*) Francis Arzalier es miembro del colectivo comunista francés POLEX.
Traducción de Joan Tafalla