Zoe Rasbash , estudiante y activista británica contra el cambio climático*

La sensación dominante es que el movimiento ambientalista es de la clase media porque entre sus preocupaciones está promover dietas veganas de alto costo para el presupuesto de un trabajador.

Tenemos que desmitificar esta narrativa. No es tarea fácil explicar que el cambio climático y el extractivismo de combustibles fósiles propio del sistema capitalista es lo que ha creado la crisis climática. Pero el movimiento emergente Youth Strike 4 Climate, brinda una gran oportunidad para aclarar los conceptos y poner fin a la injusticia social , económica y medioambiental.

No es casualidad que el 10% más rico del mundo sea responsable de más de la mitad de las emisiones globales de carbono. Quienes ignoran el vínculo entre las desigualdades globales y un sistema económico que se niegan a descarbonizar su actividad deben mirar más seriamente qué diablos está pasando.

Walmart es un ejemplo: sus ventas netas en 2010 fueron mayores que el beneficio interno bruto de Noruega, mientras que sus fundadores son una de las familias más ricas del mundo.

Las ganancias de las grandes compañías se mantienen altas porque los precios se mantienen bajos. Los precios se mantienen bajos porque estas grandes empresas subcontratan la producción donde puedan pagar menos a sus trabajadores y además evitan las regulaciones medioambientales. Las transnacionales fabrican productos en todo el mundo, depredan la mano de obra y emiten toneladas de carbono.

En un año, pagaron $ 110 millones en multas ambientales por verter materiales peligrosos en alcantarillas públicas y vertederos. En realidad esta cifra es muy baja si se considera la continua destrucción ambiental que produce masivamente el capitalismo. El resultado; Una mortífera huella de carbono tan grande como casi la mitad de los países del mundo.

Las corporaciones están pensadas y construidas para explotar a las personas y al medio ambiente, y solo los CEOs ven la riqueza producida a costa de los trabajadores y del medio ambiente ¡Irónicamente a esto la llaman economía de goteo!

Como lo explica Naomi Klein: “La misma lógica que está dispuesta a hacer trabajar duro a los trabajadores por unos centavos al día está quemando montañas de carbón sucio sin control porque es la forma más barata de producir”.

La regla número uno del capitalismo es obtener beneficios a expensas de cualquier cosa. El cambio climático es sólo un síntoma de una sociedad contagiada por la enfermedad del capitalismo. La escandalosa brecha entre la riqueza de unos pocos  y la explotación de los trabajadores es otra. El creciente descontento, la privación de derechos y la ira, es un tercer síntoma.

No podemos continuar tratando estos síntomas por separado. Debemos atacar el virus desde el origen. No es de extrañar que los jóvenes de todo el mundo se unan bajo la bandera “cambiar de sistema, No al cambio climático”. Si no cambiamos el sistema, los síntomas continuarán empeorando.

Como estamos en camino de superar el calentamiento planetario en 1.5 grados Celsius, los cambios en el clima exacerbarán la pobreza para cientos de millones de personas. Necesitamos una reestructuración radical de nuestro sistema económico, que ponga fin a la adicción a los combustibles fósiles y a los beneficios de las multinacionales basadas en el consumismo : necesitamos un cambio que redistribuya la riqueza y aborde las desigualdades

Es una gran tarea. Según el informe del IPCC (ONU) sólo  tenemos 12 años para descarbonizar radicalmente el mundo, después viviremos  los efectos de un desastre climático global.  A pesar de estar etiquetado como conservador, este informe de las Naciones Unidas ha dado al movimiento ambiental,  y a la sociedad en general, un muy necesario empuje de arranque.

Ahora debemos dar este mismo empujón a la apatía de los políticos y de los negacionistas que serán responsables de una crisis que se niegan a  ver y que necesita una actuación de urgencia.

Los luchadores por la justicia social, los activistas por el clima y la igualdad debemos unirnos bajo una sola bandera y presionar para lograr acciones radicales. La justicia climática es también justicia económica.

Hay soluciones. Nosotros, la gente, exigirlas en la calle. Un ejemplo a estudiar es el llamado Green New Deal, impulsado por una coalición integrada por jóvenes del Movimiento Sunrise y organizaciones que luchan por poner fin a las desigualdades. Este movimiento ha creado una plataforma de descarbonización radical de la economía de los EEUU. Exigen seguridad social y creación de empleos verdes para los marginados del sistema económico actual ( una multitud de gente empobrecida, indígenas, personas de color).

De igual manera, deberíamos avanzar en la implementación de un Impuesto por los daños climáticos. Este impuesto deberán pagarlo las compañías que utilizan combustibles fósiles (petróleo, gas o carbón). El dinero se deberá utilizar para reparar a las comunidades que ya están devastadas por la contaminación. También los recursos recaudados se deberían utilizar para financiar una transición justa hacia una economía ecológica y equitativa.

El sistema actual no está funcionando para la gran mayoría ni para el planeta. Debemos pedir cuentas a los ricos. La juventud se está levantando para luchar porque el cambio se haga realidad. El viernes pasado hicieron una huelga en más de 1300 lugares de todo el mundo para exigir un cambio inmediato.

Los jóvenes no solo quieren evitar el cambio climático, sino que sueñan con un futuro igualitario que ponga fin a las disparidades de riqueza y las divisiones sociales fabricada por el capitalismo. Los jóvenes saben que podemos lograr un cambio, saben que debemos hacerlo.

El fracaso no es una opción. Debemos enfrentar a quienes explotan a nuestro planeta y monopolizan la riqueza mundial a expensas de una inmensa mayoría . Hay un futuro que conquistar.

* Zoe Rasbash es estudiante y activista de la organización Justicia Climática, con sede en Londres, que realiza campañas a nivel internacional.