El inmenso impacto que la crisis venezolana tendrá en el futuro del hemisferio occidental.

Fernando Duque, cientista político  (PHD) , profesor de la Universidad de Los Lagos, Chile

El artículo 233 de la constitución de la República Bolivariana de Venezuela se encarga de reglamentar los procedimientos constitucionales que se exigen para reemplazar a un presidente que ha caído en la situación de “falta absoluta”. Es decir, una incapacidad total para gobernar efectivamente a Venezuela. El artículo 233 señala que son faltas absolutas las siguientes condiciones: primero la muerte del presidente o la presidenta. Segundo, su renuncia.

Tercero, su destitución declarada por sentencia del Tribunal Supremo de Justicia. Cuarto, su incapacidad física o mental permanente y certificada por una junta médica designada por el tribunal Supremo de Justicia y con la aprobación de la Asamblea Nacional. Quinto, el abandono del cargo declarado por la Asamblea Nacional; y sexto, la revocación popular de su mandato.

Cuando se produzca la falta absoluta del presidente o presidenta electa, antes de tomar posesión, se producirá una nueva elección universal, directa y secreta dentro de los treinta días consecutivos siguientes. Mientras se elige y toma posesión el nuevo presidente o presidenta, se encargará de la presidencia de la república el presidente o presidenta de la Asamblea Nacional. No obstante, si la falta absoluta del presidente o presidenta de la república se produce durante los primeros cuatro años del periodo constitucional, se procederá a una nueva elección presidencial, directa y secreta dentro de los treinta días consecutivos y siguientes.

Mientras se elige y toma posesión el nuevo presidente o presidenta, se encargará de la presidencia de la república el vicepresidente ejecutivo o la vicepresidenta ejecutiva. En los casos anteriores, el nuevo presidente o presidenta, completará su periodo constitucional correspondiente. Si la falta absoluta se produce durante los últimos dos años del periodo constitucional, el vicepresidente o vicepresidenta ejecutivo asumirá la presidencia de la república hasta completar dicho periodo.

El presidente Maduro tomó posesión de su cargo para iniciar su segundo periodo presidencial el 10 de enero del año 2019. El 23 de enero del año 2019 se reunió la asamblea nacional y ella decidió que el presidente Maduro había caído en la condición de falta absoluta. Es decir, esta decisión se tomó casi dos semanas después de que Maduro inició su segundo mandato.

En este caso la presunta falta absoluta del presidente Maduro se ha producido durante los primeros cuatro años de su periodo constitucional. En este caso se debe proceder a una nueva elección universal, directa y secreta dentro de 30 días. Mientras se elige y toma posesión el nuevo presidente o presidenta, la autoridad que debe ejercer como presidente interino, no es el jefe de la asamblea nacional, sino el vicepresidente ejecutivo o vicepresidenta ejecutiva de Venezuela.

Todo esto significa que el gigantesco espectáculo realizado por la oposición venezolana es todo un acto nulo de nulidad absoluta. Es seguro que las actuales autoridades venezolanas le solicitarán al tribunal supremo de justicia que analice el intento de usurpación presidencial de parte del señor Juan Guaido y posteriormente emita la correspondiente sentencia de sedición. No cabe duda que con todo esto el señor Guaido terminará en prisión.

El señor Guaidó y sus asesores, deberían haberse informado de que su intento de derrocar al presidente Maduro debería haberse hecho antes del 10 de enero. Sólo así podría aplicarse el proceso de destitución por parte de la Asamblea Nacional y así el señor Guaido podría haber funcionado legalmente como presidente interino por treinta días. Pero pasaron casi dos semanas y este fundamental acto no ocurrió. Por lo tanto el Tribunal Superior de Justicia no tiene otra alternativa sino declarar que el señor Guaido es culpable de sedición.

No obstante todo esto, no hay duda que las fuerzas enemigas de Maduro, tanto de dentro del país como en Estados Unidos y el resto de la civilización occidental, no se detendrán ante argumentos legalistas y jurídicos.

Tampoco estos argumentos servirán de mucho para detener las furiosas fuerzas neoliberales en América Latina. Las fuerzas reaccionarias latinoamericanas están desesperadas por eliminar los ejemplos que dan Cuba, Nicaragua, Bolivia y Venezuela. Es por estas razones que están dispuestas a rogarle a Estados Unidos que este haga el trabajo sucio de eliminar a sistemas de gobierno enemigos del corrupto neoliberalismo latinoamericano.

Es por todo esto que después que se desinfle la estrategia de la Asamblea Nacional y de su líder el señor Guaidó, los Estados Unidos buscarán otros mecanismos para destruir el actual gobierno venezolano.

Las autoridades estadounidenses están decididas a realizar el cambio de régimen, (regime change). Triquiñuelas legales jamás le han impedido al coloso del norte obtener sus objetivos estratégicos.

Ya existen planes para enviar una flota naval y 250 mil soldados estadounidenses para invadir Venezuela. Es así como la guerra en América Latina muy pronto será una triste realidad. Con todo esto el presidente Trump probablemente se desentenderá de Europa del Este, particularmente Ucrania, el Medio Oriente, y Asia. Estados Unidos se concentrará en afirmar su dominio absoluto sobre su “patio trasero”.

La guerra entre la civilización occidental y América Latina está por comenzar. Los Estados Unidos al fin se han dado cuenta que al dedicar todos sus recursos para salvar a sus aliados en Europa Oriental, el Medio Oriente y Asia; han descuidado peligrosamente su área de influencia tradicional.

La injusticia y pobreza extrema de la civilización latinoamericana es la causa principal que obliga a millones de latinos a tratar de inmigrar a Estados Unidos y Canadá. El sueño de una vida mejor es el motor que impulsa a los pobres del sur a tratar de entrar en la desarrollada civilización anglosajona del norte. Es ahí (donde los latinos pobres, la inmensa mayoría de la civilización latina) donde sí pueden encontrar una solución definitiva a sus problemas vitales.

El sur manejado por corruptas e incompetentes oligarquías latinoamericanas, ya ha demostrado con creces que la región es sólo un paraíso para los ricos. Pero el 90% de la población, debe sufrir las penas del infierno para crear la riqueza del 10% que los gobierna, los explota y los oprime y los condena a una vida miserable. El latino pobre no tiene inclinaciones revolucionarias y es por ello que trata de emigrar hacia el norte y no se sacrifica haciendo una verdadera revolución en el sur.

El presidente Trump con su política de América primero, tiene así un gigantesco problema en sus manos, sus aliados ricos del sur, son totalmente incapaces de crear un continente con un nivel mínimo de justicia social. Como empresarios, los latinos son una catástrofe, ya que solo saben explotar materias primas y venderlas a los países desarrollados. Este modo de producción sólo le da una buena vida a una ínfima minoría de la población y una vida de terrible esclavitud moderna a la inmensa mayoría.

El presidente Trump al retirarse del mundo y concentrarse en América Latina, se ha empezado a internar en un terrible laberinto del cual será muy difícil salir. América Latina no es Europa Occidental ni Japón ni China ni Corea del Sur. Ahí los planes de ayuda implementados por Estados Unidos después de la segunda guerra mundial, crearon una sólida sociedad fuerte y desarrollada.

En América Latina, con las elites económicas actuales, el crear una sociedad desarrollada de verdad es una misión imposible. Todos los planes de apoyo al desarrollo latinoamericano, provenientes de los Estados Unidos han fracasado en los últimos dos siglos. No hay ninguna razón para esperar que los Estados Unidos, después de invadir Venezuela va a ser capaz de crear ahí y en el continente una sociedad justa, próspera y desarrollada.

El sueño de evitar que los latinos invadan pacíficamente a los Estados Unidos, está más lejos que nunca. América del Norte más temprano que tarde va también a pertenecer a la civilización latinoamericana. Así el sueño del presidente Trump de Estados Unidos primero, estará más lejos que nunca. Estudios reciente estiman que los inmigrantes no blancos que ya tiene el coloso del norte harán que los anglosajones sólo sean una pequeña minoría para mediados del siglo XXI.