Por Cinzia Arruza ,Titi Bhattacharya, Nancy Fraser ( Promotoras Internacionales de la Huelga Femenina del 8 de Marzo)

El feminismo que tenemos en mente reconoce que debe responder a una crisis de proporciones que hacen época: el desplome de los niveles de vida y el amenazante desastre ecológico; las guerras devastadoras y las expropiaciones intensificadas; las migraciones en masa recibidas con alambradas de púas; el racismo y la xenofobia envalentonados, y la abolición de derechos ganados con mucho esfuerzo, tanto sociales como políticos.

Aspiramos a hacer frente a todos esos desafíos. Evitando medias tintas, el feminismo que visualizamos apunta a abordar las raíces capitalistas de la barbarie metastatizada. Rechazando sacrificar el bienestar de una mayoría para proteger la libertad de unas pocas, defiende las necesidades y los derechos de las muchas: de las mujeres pobres y de clase trabajadora, de las racializadas y migrantes, de las mujeres queer, las trans, las discapacitadas, las alentadas a verse como «clase media», aun cuando el capital no pare de explotarlas.

Pero eso no es todo. Este feminismo no se limita a «cuestiones femeninas», tal como se definen tradicionalmente. Representando a todas las explotadas, dominadas y oprimidas, quiere convertirse en una fuente de esperanza para la humanidad entera. Por eso lo llamamos feminismo para el 99 %.

Inspirándose en la nueva ola de huelgas de mujeres, el feminismo para el 99 % emerge del crisol de la experiencia práctica y de la reflexión teórica. Puesto que el neoliberalismo remodela la opresión de género ante nuestros propios ojos, vemos que la única forma de que las mujeres y las personas de género no conforme hagan realidad los derechos que tienen sobre el papel, o que aún pudieran conseguir, consiste en perseguir la transformación del sistema social subyacente que vacía de contenido esos derechos. De por sí, el aborto legal significa poco para las mujeres pobres y de clase trabajadora que no tienen ni medios para pagarlo ni acceso a las clínicas que lo procuran.

La justicia reproductiva exige, al contrario, atención médica libre, universal y gratuita, así como el fin de las prácticas racistas y eugenésicas en la profesión médica. Asimismo, para las mujeres pobres y de clase trabajadora, la igualdad salarial puede significar simplemente igualdad en la miseria, a menos que esa igualdad suponga empleos que paguen un salario vital generoso, con derechos laborales sustantivos y ejecutables, y una nueva organización del trabajo doméstico y del de asistencia.

Y también las leyes que criminalizan la violencia de género son un engaño cruel si hacen la vista gorda ante el sexismo estructural y el racismo de los sistemas de la justicia penal, dejando sin embargo intactos la brutalidad policial y el encarcelamiento masivo, las amenazas de deportación, las intervenciones militares y el acoso y abuso en el lugar de trabajo. Por último, la emancipación legal no es más que una entelequia si no incluye servicios públicos, vivienda social y financiación para garantizar que las mujeres puedan salir de la violencia doméstica y laboral.

Por esos y otros motivos el feminismo para el 99 % busca una transformación social profunda y de amplio alcance. Esta es, en resumen, la razón de que no puede ser un movimiento separatista. Proponemos, por el contrario, unirnos a todos los movimientos que luchan por el 99 %, ya sea combatiendo por la justicia medioambiental o la educación gratuita de alta calidad, por unos servicios públicos generosos o una política de viviendas sociales, por los derechos laborales, la atención médica universal y gratuita, o por un mundo sin racismo ni guerras. Solo aliándonos con esos movimientos podemos ganar el poder y la perspectiva que necesitamos para desmantelar las relaciones sociales y las instituciones que nos oprimen.

El feminismo para el 99 % abraza la lucha de clases y la lucha contra el racismo institucional. Se centra en las preocupaciones de las mujeres de clase trabajadora de todo tipo: racializadas, migrantes o blancas; cis, trans o de género no conforme; amas de casa o trabajadoras sexuales; pagadas por hora, por semana, por mes o no pagadas; desempleadas o precarias; jóvenes o ancianas. Incondicionalmente internacionalista, se opone firmemente al imperialismo y a la guerra. El feminismo para el 99 % no solo es antineoliberal, sino también anticapitalista.

Extracto del Libro “Manifiesto de un feminismo para el 99%”. Cinzia Arruzza, Tithi Bhattacharya y Nancy Fraser.