James Petras

Entender el imperialismo como un fenómeno general pierde de vista su ‘modus operandi’ en contexto específico y significativos.

Si bien el ejercicio del poder imperialista es una estrategia común, sus motivos, instrumentos, objetivos y participación varían, dependiendo de la naturaleza del gobernante imperial y del país intervenido.

Venezuela, el objetivo actual del presidente de EEUU, Donald Trump, es un caso que ilustra las “peculiaridades” de la política imperialista. Procederemos a delinear los antecedentes, las técnicas y el impacto del poder imperial.

Antecedentes históricos

EEUU tiene una larga historia de intervención en Venezuela, principalmente para obtener el control de su riqueza petrolera. Durante la década de 1950, Washington respaldó una dictadura militar, dirigida por Pérez Jiménez, hasta que fue derrocada por una alianza de partidos socialistas revolucionarios, nacionalistas y socialdemócratas.

Washington no pudo y no intervino; en cambio, se alió con los partidos Acción Democrática (AD) de centro-izquierda y COPEI de centro-derecha, que procedieron a declarar una guerra contra la izquierda radical. Con el tiempo, los EEUU recuperaron la hegemonía hasta que la economía entró en crisis en la década de 1990, lo que condujo a levantamientos populares y masacres estatales.

Los EEUU no intervinieron inicialmente ya que consideraban que podían cooptar a Hugo Chávez porque el coandante no estaba identificado connla izquierda. Además, Washington  estaba militarmente comprometidos con los Balcanes (Yugoslavia) y el Medio Oriente y preparaba las guerras contra Irak y otros países nacionalistas que se oponían a Israel y apoyaban a Palestina.

Usando el pretexto de una amenaza terrorista, Washington exigió la subordinación de sus aliados una “guerra mundial contra el terrorismo”.

El presidente Chávez no se sometió. Declaró que “uno no lucha contra el terrorismo con el terrorismo”. Los EEUU decidieron que la declaración de Chávez era una amenaza para la hegemonía estadounidense en América Latina y más allá. Entonces, Washington decidió derrocar al presidente electo Chávez, incluso antes de nacionalizar la industria petrolera de propiedad estadounidense.

En abril de 2002, los EEUU organizaron un golpe militar-corporativo, que fue derrotado en cuarenta y ocho horas por un levantamiento popular respaldado por sectores militares.

Un segundo intento de derrocar al presidente Chávez fue puesto en marcha por los ejecutivos del petróleo, a través de una huelga patronal. Fue derrotado por los trabajadores petroleros y los exportadores de petróleo de ultramar. La revolución nacional-populista de Chávez procedió a nacionalizar las corporaciones petroleras que apoyaron la “huelga  patronal”.

Los fallidos golpes de estado llevaron a Washington a adoptar temporalmente una estrategia electoral  que financiaron fuertemente a través de fundaciones y ONG controladas por Washington. Las repetidas derrotas en las elecciones llevaron a Washington a utilizar boicots  electorales y campañas de propaganda diseñadas para deslegitimar los éxitos del presidente Chávez.

Los esfuerzos de Washington por restaurar el poder imperialista no funcionaron .Chávez aumentó su apoyo,  expandió el control estatal sobre el petróleo y otros recursos y, radicalizó su base popular. Además, Chávez aseguró el respaldo de sus políticas antiimperialistas los movimientos sociales de toda América Latina  y algunos gobiernos aumentando su influencia en el Caribe al proporcionar petróleo subsidiado.

Si bien los analistas políticos  atribuyeron el apoyo y influencia del presidente Chávez a su carisma, en ese momento  las circunstancias objetivas de América Latina fueron decisivas.

La derrota de la intervención imperialista  puede atribuirse a 5 condiciones objetivas:

1. La participación de EEUU en múltiples guerras prolongadas al mismo tiempo – en Oriente Medio, el sur de Asia y el norte de África – distrajo a Washington. Además, los compromisos militares con Israel limitaron  los esfuerzos de Imperio  para reenfocar su actividad subversiva contra Venezuela.

2. La política de sanciones de EEUU durante el auge de las materias primas (entre 2003 y 2011) proporcionó a Venezuela los recursos económicos para financiar programas sociales y neutralizar los boicots orquestados por los aliados locales del imperialismo.

3. Venezuela se benefició de las crisis neoliberales de la década de 1990-2001 que llevaron al surgimiento de gobiernos populares nacionales de centro-izquierda en toda la región. Este fue el caso de Argentina, Brasil, Ecuador, Bolivia y Honduras. Además, los regímenes “centristas” en Perú y Chile se mantuvieron neutrales. Más aún Venezuela y sus aliados se aseguraron que EEUU no controlara las organizaciones regionales.

4. El presidente Chávez como ex oficial militar conquistó  la lealtad de los militares, socavando los planes de EEUU para organizar golpes de estado.

5. Las crisis financieras mundiales de 2008-2009 obligaron a los EEUU a gastar varios billónes de dólares para rescatar a los bancos. Las crisis económicas y su recuperación parcial fortalecieron al Tesoro y debilitaron la influencia relativa del Pentágono.

En otras palabras, si bien las políticas imperiales y los objetivos estratégicos se mantuvieron, la capacidad de los EEUU para controlar a sus Estados vasallos se vio limitada por condiciones objetivas.

Circunstancias que favorecen las intervenciones imperiales

Circunstancias inversas han favorecido al imperialismo en tiempos más recientes. Estos factores incluyen al menos cuatro condiciones:

1. El fin del auge del precio de las materias primas debilitó las economías de los aliados de centro-izquierda de Venezuela y llevó al surgimiento de regímenes de extrema derecha, peones dirigidos por los EEUU, así como a aumentar las actividades golpistas de los opositores al recientemente electo Presidente Maduro.

2. La falta de diversificación de las exportaciones, los mercados, los sistemas distributivos y financieros durante el período expansivo de la economía condujo a una disminución del consumo y la producción permitiendo que el imperialismo atrajera a votantes, especialmente a consumidores de clase media y media baja, empleados, comerciantes, profesionales y empresarios.

3. El Pentágono trasladó  su política militar del Medio Oriente a América Latina, utilizando  peones militares y políticos entre regímenes claves, a saber ; Brasil, Argentina, Ecuador, Perú y Chile.

4. La intervención de Washington en los procesos electorales de América Latina ha abierto de nuevo la puerta a la explotación económica de sus recursos y al reclutamiento de aliados militares para aislar y rodear a una Venezuela nacionalista y populista.

Hoy condiciones  objetivas externas están favorecieron la la dominación de Washington sobre Venezuela. También el nuevo poder de las oligarquías ha reforzado la dinámica de la intervención imperial con vistas a tomar el control sobre la industria petrolera.

El declive de los ingresos petroleros de Venezuela, la movilización de la base electoral de la élite y su sabotaje sistemático a la producción y a la distribución han tenido  un efecto multiplicador negativo.  Los medios de comunicación y la autoproclamada derecha electoral se han comprometido con el golpe de estado de extrema derecha digitado desde EEUU que ha manipuló a la opinión publico con una retórica democrática y humanitaria.

Washington ha incrementado las sanciones económicas con el objetivo para cercar por hambre a los chavistas de bajos ingresos y ha movilizado a sus peones europeos y latinoamericanos para exigir la rendición de Venezuela, mientras planea un sangriento golpe militar.

La etapa final del golpe militar planificado y organizado por los EEUU requiere al menos de tres condiciones:

1. Una división dentro del ejército que proporcionaría  al Pentágono (y a los planificadores del golpe de estado) un “cabeza de puente” y un pretexto para una invasión “humanitaria” de los EEUU.

2. Un liderazgo político negociador, que persiga diálogos políticos con adversarios que se están preparando para la guerra.

3. La congelación de todas las cuentas en el extranjero y el cierre de todos los préstamos y mercados de los que Venezuela sigue dependiendo.

Conclusión

El imperialismo es la actividad central del capitalismo global estadounidense. Sin embargo este  no puede lograr sus objetivos cuándo y cómo lo desee. Los cambios globales en la correlación de fuerzas mundial pueden frustrar y retrasar el éxito imperial.

Los golpes pueden ser derrotados y convertidos en reformas radicales. Las ambiciones imperialistas pueden ser contrarrestadas por políticas económicas exitosas y una alianza estratégica.

América Latina ha sido propensa a los golpes de Estado y las intervenciones militares. Pero también es capaz de construir alianzas regionales e internacionales.

A diferencia de otras regiones , América Latina es un terreno para las luchas de clase y antiimperialistas. Los ciclos económicos acompañan el ascenso y la caída de la lucha de clases y, como consecuencia, el poder imperial avanza y se retira.

La intervención de los EEUU en Venezuela es la guerra más larga de nuestro siglo (dieciocho años), superando la invasión estadounidense de Afganistán e Irak. El conflicto también ilustra cómo Estados Unidos  utiliza  sus peones regionales y aliados en el extranjero para brindar cobertura a los golpes de estado imperiales.

Si bien los golpes son frecuentes, sus consecuencias son inestables: los peones son débiles y sus regímenes están sujetos a un levantamiento popular.

Los golpes estadounidenses contra los regímenes populares conducen a masacres sangrientas que no logran asegurar su consolidación en el largo plazo.

Estas son algunas de las “peculiaridades” de los golpes de América latina.