Como y porqué salir de la zona Euro

por Joseph Stiglitz , Premio Nobel de Economía

Cómo salir de la zona euro

Italia tiene la gran oportunidad de tomar una decisión que sacudirá toda la zona euro.

¿Cuál es la mejor manera de liberarse del euro? Ahora que , al menos en papel, en Italia hay gobierno “euroescéptico”, esta pregunta ha vuelto ha estar encima de la mesa.

Es cierto que los ministros italianos del área económica se han comprometido a mantener al país en el área monetaria común de la Unión, sin embargo esos compromisos no deben verse como inmutables; deben ser reconsiderados en un contexto de negociación un poco más amplio en Italia. El nuevo gobierno lo ha dejado claro y,  esto no es una invención mía ; Italia preferiría quedarse en la zona euro, pero necesita que esta cambie.

Los nuevos líderes italianos tienen razón al decir que la zona euro está gravemente enferma y que necesita una reforma. El euro es deficiente y limitado desde el momento de su concepción. Países como Italia han perdido dos mecanismos reguladores clave de cualquier economía en crisis : el control sobre las tasas de interés y control del tipo de cambio. En lugar de poner todo correctamente en el lugar correcto, el Euro ha introducido fuertes contracciones en la deuda pública y los déficits, es decir más obstáculos para la recuperación económica.

El efecto de todo esto en la zona euro ha sido un crecimiento más lento, especialmente en las naciones más débiles. Se suponía que el euro impulsaría un mayor crecimiento; eso llevaría a cada nación, a un compromiso con una integración europea más fuerte y renovada. Se ha hecho lo contrario: las divisiones dentro de la Unión Europea han crecido, especialmente las que existen entre los países deudores y los países acreedores.

Las divisiones que se han producido han dificultado aún más la solución de otros problemas, en particular la crisis migratoria, donde las normas europeas imponían una carga inflexible a los países fronterizos que reciben a migrantes, como Grecia e Italia, que también son países deudores, ya afectados por serias dificultades económicas. Por tanto no es de extrañar que cuando se respira, el aire huela a revuelta.

La resistencia de Alemania

Lo que se debe hacer es bien conocido. Pero el problema radica en la renuencia de Alemania a ponerlo en práctica.

En la zona euro, se ha dicho durante mucho tiempo, es necesaria una unión bancaria, pero Berlín siempre ha pospuesto esta reforma clave -un seguro de depósitos común- que habría reducido la fuga de capitales de las naciones más débiles: la huida de los capitales es un factor clave para explicar el tamaño de la recesión en un país afectado por la crisis.

Las políticas económicas alemanas agravan los problemas de la eurozona. El desafío económico fundamental que enfrentan los países de la Unión Monetaria es resolver la incapacidad de ajustar los tipos de cambio desalineados. En la zona del euro, actualmente, el peso del ajuste se impone a los países deudores, que en consecuencia sufren un crecimiento lento y bajos ingresos. Si Alemania implementara una política fiscal y salarial más expansiva, una pequeña parte de la carga fiscal se iría de estos países.

Si, Alemania no tiene la voluntad de sentar las bases para mejorar la Unión Monetaria, al menos debería hacer algo: salirse de la zona euro. Como dijo George Soros: Alemania debería liderar, de una vez por todas, o debería irse. Con Alemania fuera de la Unión Monetaria (y tal vez con otros países del norte de Europa), el valor del euro disminuiría, mientras que las exportaciones de Italia y otros países del sur de Europa aumentarían. Por tanto, la causa del desequilibrio desaparecería; al mismo tiempo, el aumento en los tipos de cambio de Alemania contribuiría en gran medida a remediar uno de los aspectos más desestructurados de la economía mundial: el desequilibrio comercial de Alemania .

Por qué salirse del euro

El problema, por supuesto, es que Alemania se niega obstinadamente a tomar una decisión, y esto deja a los ciudadanos de países como Grecia e Italia en una encrucijada que nunca hubieran querido enfrentar: ser miembros de la zona euro o tener prosperidad económica .

El gobierno griego, tímido y con tan poca experiencia, ha elegido permanecer en la Unión Monetaria. El resultado ha sido el estancamiento. Desde 2015, el PIB griego ha caído bruscamente, ha perdido más de 25% , de los niveles previos a la crisis. Y desde entonces apenas se ha movido unos pocos milímetros.

Italia tiene la oportunidad de tomar una decisión diferente: ante la ausencia de reformas sustanciales, los beneficios para el país parecen fáciles de alcanzar, estos son obvios e incluso considerables. Veamos.

Un tipo de cambio más bajo permitiría a Italia exportar más. Los consumidores reemplazarían los productos importados por productos fabricados en el país . Los turistas encontrarían un destino más interesante económicamente. Se estimularía la demanda y con ello el  incremento de los ingresos. El crecimiento mejoraría, y el nivel de desempleo disminuiría significativamente ( hoy en Italia  hay un 33.1% del desempleo juvenil).

Por supuesto, hay muchas otras razones para entender el malestar italiano que solo disminuirá parcialmente, si abandonan el euro. Gobiernos como el del presidente Trump, o el del primer ministro italiano Berlusconi, dominados por la corrupción y sin una concepción para un crecimiento sostenible, no facilitan el liderazgo político necesario para una crecimiento fuerte y duradero.

Al mismo tiempo, el crecimiento lento e irregular que Italia ha registrado como resultado del euro casi con certeza ha proporcionado un terreno fértil para los populistas de derecha.

Salir del  euro, sin embargo tendrá ventajas políticas. Una Italia más próspera tendría más oportunidades de cooperar en sectores clave, donde Europa necesita trabajar junto con otras naciones: inmigración, una fuerza de defensa europea, actitud frente a Rusia, política comercial.

Las políticas de inmigración y comerciales pueden producir beneficios para naciones enteras. Las restricciones fiscales impuestas por la zona del euro han hecho imposible brindar una protección adecuada a estos países. Una Italia fuera de la zona euro estaría en una mejor posición para definir sus políticas internacionales y, al mismo tiempo, aliviar el sufrimiento del país.

Cómo hacerlo

Naturalmente, el desafío será encontrar una forma de abandonar la zona euro que minimice los costos políticos y económicos. La consolidación masiva de deudas será esencial, prestando especial atención a los efectos que podrían afectar a las instituciones financieras nacionales. En ausencia de estas medidas, el peso del euro, lo que llaman “deuda”, crecería, absorbiendo la mayor parte de las ganancias potenciales.

Estos intentos de reorganización, reestructuración, son una parte integral de los grandes procesos de devaluación. A veces se implementan silenciosamente, como los EE. UU., cuando salieron de la llamada edad de oro, otros lo hacen más abiertamente, como Islandia o Argentina, con una multitud de deudores que claman con escándalo. Los intentos de consolidación de deuda deben considerarse como un riesgo completamente calculado para las inversiones transfronterizas; Aquí se encuentra una de las razones por las que a menudo la llamada “prima de riesgo” se dispara.

Desde una perspectiva estrictamente económica, lo más fácil para las entidades italianas (gobierno, multinacionales o simples personas ) sería reformular la deuda, transformándola de “deuda en euro” en “deuda en una nueva lira”.

Debido a las dificultades legales internas en la UE y las obligaciones internacionales que tiene Italia, sería conveniente promulgar un nuevo “artículo 11” de la ley de quiebras, que aseguraría la consolidación de la deuda en corto tiempo para cualquier persona y cualquier estructura o institución.

Como es bien sabido, las leyes de bancarrota siguen siendo un área de responsabilidad solo para los estados-nación en la UE.

Italia también podría optar por ocultar su intención de abandonar la zona del euro; es muy simple, podría emitir valores (llamémoslos “bonos del gobierno” ) que serían aceptados como un pago por cada obligación de deuda por el valor de un euro. Una caída en el valor de estos bonos sería equivalente a una devaluación y, al mismo tiempo, restauraría la efectividad de la política monetaria italiana: los tipos de cambio, en manos del Banco Central, influirían en el valor nominal de los “bonos”.

Un gran ruido

Obviamente, todo esto provocaría gritos y protestas de los otros miembros de la zona euro.

La introducción, incluso de manera informal, de una moneda paralela casi con toda seguridad violaría las reglas de la zona euro y ciertamente iría en contra de su espíritu; al hacerlo, sin embargo, Italia evitaría la incómoda decisión de ser expulsada por los demás países miembros.

Roma podría tomar este riesgo, esperando que los miembros de la unión monetaria no reaccionen con una acción muy fuerte, esto solo confirmaría el actual deterioro de la zona euro. Italia en realidad sería parte de la zona euro pero, al mismo tiempo, haría una devaluación. Si Italia, por otro lado, perdiera la apuesta, la carga política de la salida de la zona euro recaería exclusivamente sobre sus “socios”. Ellos estarían dando el paso definitivo.

Grecia fue estrangulada por el Banco Central Europeo a pesar que no había  necesidad de actuar de esa manera. Atenas estaba a un paso de crear una infraestructura (un mecanismo de pago electrónico a través de un nuevo dracma) que facilitaría la transición para salir de la zona euro.

Los avances en la tecnología en los últimos tres años han hecho que los sistemas de dinero electrónico (criptomonedas) sean fáciles y efectivos. Si Italia eligiera usar este sistema ni siquiera debería imprimir una nueva moneda.

Italia también podría suavizar la rudeza de su partida si su salida se coordina con otros países en las mismas condiciones.

El grupo de países que ahora forman la zona euro está lejos de lo que los economistas llaman “un área monetaria óptima”. Hay tantas diferencias y diferencias que, para que funcione, se ha recurrido al veto de Alemania sobre algunos acuerdos institucionales.

Una zona del euro de los estados del sur de Europa sería la mejor solución para un área monetaria óptima. Por otro lado, sería difícil organizar una salida coordinada a corto plazo; pero si Italia pudiera encontrar con éxito el camino para alejarse del euro, otras naciones seguramente la acompañarán.

Costos y beneficios

Para ser realista, uno no debe subestimar los costos de una gran devaluación. En la economía, incluso un pequeño cambio en los precios claves es una obstáculo significativo.

Naturalmente, el precio de la moneda extranjera es esencial en cualquier economía abierta. Tiene un efecto de cascada en los precios de todos los servicios y de todos los bienes. Algunas compañías (tal vez muchas) se declararían en bancarrota; algunas personas (tal vez muchas) verían disminuir sus ingresos.

Pero es igualmente importante no subestimar los costos del malestar italiano en el momento: si la economía italiana hubiera crecido al ritmo de la zona euro, en los 20 años desde la creación de la moneda única, el PIB de Italia hoy sería al menos un 18% más.

El costo del desempleo persistente y constante, especialmente entre los más jóvenes, es enorme. Los jóvenes entre las edades de 20 y 30 deben poder perfeccionar sus habilidades con la capacitación en el trabajo, en lugar de quedarse en casa sin hacer nada; muchos de ellos desarrollan un legítimo rencor hacia las élites e instituciones que son responsables de la difícil situación en la que se encuentran. El resultado es que la falta de formación de capital humano frenará la productividad durante muchos años.

En un mundo ideal y perfecto, Italia no pensaría en abandonar la zona del euro; Europa podría pensar en reformar la Unión Monetaria y proporcionar una mayor protección, un paraguas económico para todos los países seriamente dañados por el mercado y los flujos migratorios.

A falta de un cambio de dirección por parte de la UE, Italia debe ponderar que tiene una alternativa al estancamiento económico, y que hay formas de salir de la zona euro cuyos beneficios probablemente superarían los costos.

Para que el gobierno recién elegido gestione con éxito la actual crisis, Italia debería irse de la zona euro.  Esta sería la mejor solución para los italianos. Y también para el resto de Europa.

  • Traducción de Emilio Pizzocaro